El terremoto de 7,8 grados en la escala Richter, que golpeó con toda su fuerza la zona norte de la provincia de Manabí (Ecuador) el sábado, no sólo dejó víctimas humanas y poblaciones semidestruidas.

También sumió en el dolor, el abandono y el miedo a cientos de animales cuya subsistencia dependía de las familias y las personas que perecieron o resultaron heridas de gravedad por cuenta de la catástrofe.

En Pedernales, en Manta, en Portoviejo, en Crucita, en Tosagua y Muisne, que son apenas algunas de las poblaciones más afectadas por el terremoto, su situación parte el alma.

Gabriel Corrión, gerente de Lord Guau, un reconocido centro de servicios para mascotas en Quito (Ecuador), y quien se desplazó a la zona para prestar ayuda, asegura que por su condición los animales terminan siendo las víctimas más olvidadas de tragedias como la que sufre su país en estos momentos.

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